lunes, 28 de mayo de 2012

Los probióticos y la salud intestinal

Para comenzar explicaremos qué es un probiótico y la diferencia que hay con los prebióticos. Los probióticos son microorganismos vivos no patógenos que se ingieren a través de los alimentos o con suplementos, deben resistir los ácidos gasticos y a la bilis, para al fin alcanzar la luz intestinal y así colonizar el tubo digestivo.


En cambio, los prebióticos y FOS (fructo-oligosacáridos) son alimentos no digeribles, pero que favorecen el crecimiento selectivo de bacterias intestinales beneficiosas, son carbohidratos presentes en vegetales como ajo, cebolla, puerro, espárrago, alcachofas, raíz de achicoria, tomates, plátanos, etc. Si se analizan los hábitos de alimentación de la población general, se estima que la cantidad que se consume de FOS es de unos 800 miligramos al día, cuando los expertos recomiendan ingerir entre 2 y 6 gramos.

En pocas palabras, en casos que la flora intestinal se encuentre desequilibrada, como por ejemplo después de un  tratamiento largo con antibióticos, periodos de mucho estrés o dietas ricas en alimentos refinados. En estos casos sí se recomienda una dieta probiótica, pobre en azúcares y rica en fibra soluble. Y en el caso de tener un buen equilibrio de la flora intestinal sólo el aporte diario de alimentos prebióticos son suficientes. 

Pero, cómo sabemos realmente si nuestra flora intestinal se encuentra bien?
Hay señales que el cuerpo nos envía y tenemos que saber escuchar, muchos estudios demuestran que una flora intestinal desequilibrada puede generar problemas alérgicos, resfriados repetitivos, problemas como diarrea y/o estreñimiento, flatulencia, hinchazón abdominal, problemas digestivos, candidiasis, cistitis de repetición, problemas respiratorios. Si varios de estos síntomas se padecen, entonces hay que considerar que la flora intestinal no se encuentra en equilibrio.


Los probióticos están presentes principalmente en alimentos fermentados como los yogures no pasteurizados (fermentados con bacterias lácticas), el kéfir, la chucrut (col fermentada), verduras fermentadas, el pan elaborado con levadura madre y fermentados de la soja como el miso o la salsa de soja sin pasteurizar (tamari) o el tempeh ,y las ciruelas umeboshi. Todos estos alimentos se encuentran en cualquier tienda naturista, pero también se pueden elaborar en casa. 

Recomendaciones:
  • Para el uso de probióticos en la cocina es moderar el tiempo de cocción y la temperatura. 
  • Potenciar el consumo diario y en crudo de alimentos fermentados sin pasteurizar. 
  • Evitar los alimentos refinados, como harinas blancas, azúcares, pastelería, zumos industriales, alcohol, etc., que son el alimento preferido de las bacterias patógenas que generan el desequilibrio.
  • Aumentar el consumo de verduras, hortalizas, cereales integrales y legumbres, ricos en inulina.
  • Beber agua mineral.
  • Es importante mantener una dieta variada.
  • Evitar los excesos, se recomienda cinco comidas al día y moderadas.

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